Al parecer, quiero un perro.
No sé bien por que, o si sea fruto de convivir todo el tiempo con amantes de los perros, pero, al parecer, quiero uno. Yo soy más bien una persona de gatos, según creo. Ésto más bien me toma por sorpresa.
De niña llegué a tener muchos perros. Hasta donde mis recuerdos alcanzan, cada uno con un final más o menos desolador. Unos escapaban, otros eran regalados por mi abuela o mi madre conforme pasaba el tiempo, unas veces por que nos cambiábamos de casa, o por que les parecían problemáticos. Otros más se alejaban un par de días, cuando los llevábamos a casa de un tío...y morían. Una la dejamos al cuidado de una vecina cuando mi hermano acababa de nacer y no quiso regresarla. En parte, sé que ahora que vivo sola podrían no tener un final así, o en realidad, ni si quiera tener un final en mucho mucho tiempo. Aún así...
El panorama de los perros conmigo es por más el de una película de horror.
Siempre he admirado y a la vez detestado esa fidelidad de la que se precian los perros. Creo que...nadie la merece en verdad. Nadie merece morir o sufrir por alguien más, no importando cuánto lo quieras. Creo que debemos pensar en nosotros mismos primero...siempre. No debes querer a alguien que no te quiera, o peor, que no se quiera a así mismo, o que no crea que merece tu amor, que es lo mismo. No debes esperar, no debes buscar, no debes depender...
Tal vez por eso me hice aficionada a los gatos. Son mucho más independientes de tí. De alguna manera, si te vas, si un día simplemente no apareces, pueden arreglárselas solos. Probablemente te extrañen, pero su orgullo es mucho más grande y escasas veces lo demuestran. Rara vez perdonan. No te quieren a menos de que lo merezcas. No olvidan fácil, y sus pensamientos, sus sentimientos, tienden a ser un misterio. Si las cosas se ponen feas, no guardan resentimientos ni afectos, simplemente escapan. No tienen pertenencia, pero sí identidad. Y esa identidad depende exclusivamente de ellos, por eso es que, incluso a veces rechazan ciertos nombres. Un perro sólo sabe esperar, y un gato es exactamente lo que menos hace.
En realidad no sé que viene mi repentina ternura hacia esos
animales. Antes ni siquiera los toleraba cerca de mi. Supongo que debió ser lo
del otro día.
Al llegar a la terminal de autobuses me encontré con una
amiga. Es una muy buena amiga, la conozco desde hace más años de los que puedo
contar. Me invitó a casa de su abuela. Yo también iba a casa de mi abuela, y no
me quedaba tan lejos, así que acepté. Su abuela vive en una comunidad rural, a
una hora y media de la ciudad. La casa de mi abuela está en el poblado vecino,
a unos veinte minutos. Me invitó a comer. Yo acepté, pues adoro el sazón típico
de las comunidades pequeñas.
La casa de su abuela es una casa rústica, no muy grande, con
una construcción de techos altos, similares a los de dos aguas, habilaciones
extensas pero poco funcionales y una cocina pequeña.
Comímos carne preparada de cerdo, salsa de tomate verde y
tortillas. No puedo dar la menor queja: Era exactamente lo que esperaba, tal
vez más. Su familia es agradable y muy tranquila en apariencia. A pesar de
llevar a cuestas el estuche de violín como casi todo el tiempo, no presentaron
la menor queja, y su hospitalidad es notablemente más cálida que en la ciudad.
Sin embargo…
Había una perra a nuestro lado. Negra, de orejas cortas,
pero caídas. Mostraba una delgadez preocupante, y signos de haber parido
recientemente. A lo lejos se oía chillar a los cachorros.
Los ví, pequeños, sin poder ver bien todavía. La perra no dejaba que los tocaran y morirían por ello. Parásitos, falta de vacunas, su destino no podía lucir prometedor. Por primera vez, quise tomar uno, aunque solo fuera uno, y darle otra oportunidad. Meterlo a mi bolsa e irme corriendo. Pero no pude.
Supongo que debo estar sola por el momento, hasta que pueda convivir con alguien más, independientemente de que o quien sea sin causarle problemas. Creo que es eso.
Sé que debería salir más sola...intentar conocer gente. Pero
me da miedo no encontrar a nadie, o por el contrario, quizás me dé aún más
miedo encontrar a alguien... y que pase lo de la última vez. Lo de las últimas
veces. Supongo que es eso.
A veces siento como si irremediablemente todo condujera a
eso. Como si hubiera algo en mí que no me dejara ser por lo más feliz de ese
modo. No sé. Tal vez solo no he dormido bien.
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