Confrontar situaciones es siempre una tarea difícil, sobre todo por que solemos evadir aquellas con sentencia más cruenta hasta el final. Pero, confrontar sentimientos es, lo es más.
Solemos evadir aquello que nos incomoda, aquello que nos irrita. Aquello en lo que nos vemos irremediablemente reflejados, aquello de lo que no podemos escapar. Sin embargo, encontramos maneras cada vez más originales para retardar ese efecto. Como si fuera el torniquete puesto a una mordida de víbora. Sabemos que debemos supurar el veneno, o moriremos, pero dejamos en suspenso las cosas un tiempo, a veces para asimilarlo. Eso me sucede a veces
Creo que, si yo escuchara todo ésto de boca de alguien más, creería que es mentira. A veces, incluso, llegué a pensar que sólo fué un sueño. Sin embargo, esos recuerdos, no se irán jamás.
Y lo más difícil de aceptar en realidad, es eso, que solo tienes recuerdos de ello, que lo que pasó no volverá a repetirse y que solo puedes pensarlo.
Pero eso no lo hace menos bello. Eso tampoco lo hace menos especial, aún si duele a veces.
Por ello, es mejor simplemente cerrar los ojos, y dejarse sumergir en el mar de la memoria. Soñar con que la marea nos traerá un momento feliz en vuelto en una botella, que podremos contemplar unos instantes eternos, para luego continuar con nuestro viaje.

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