miércoles, 12 de agosto de 2015

Lost~

Ver la palabra "media filiación" junto a la fotografía de alguien, es quizás de las experiencias más tétricas que pueden sucederle a una persona.

La llamada.

"Salió y no logramos encontrarlo...queríamos avisarte antes, pero no pudimos". No sé si yo podría decir algo así, tan al aire. No sé si yo podría, aún después de todo.

Resumidos entre cicatrices y color de cabello y tés, complexión, entre dónde y cuando se les vió la última vez. Que ropa se presume traían. Intentar recordar, si lo que recuerdas es lo más fidedigno, o si tu cabeza sólo está jugándote una broma. Cómo lo viste en la mañana, cuando no le prestabas toda tu atención, por que estabas segura de que volverían a verse. Los días se convierten en semanas, y las semanas...Es como si el tiempo se detuviera. Pero sigue corriendo.

Todo parece subjetivo. Lo que odiabas de él, lo que te hacía rabiar, las veces que te hizo enfurecer, de repente, parecen tan distantes y sin sentido. Los malentendidos de pronto lucen menos catastróficos. Las peleas, parecen niñerías. Y comienzas a recordar cada rastro, de un modo tan vívido que podrías sentir su respiración bajo la punta de tus dedos.

Es incluso, gracioso de un modo absurdo. No sientes que te esté pasando, no a tí. Crees que, en algún momento, todos te dirán que están bromeando. El llamará y te dirá que todo está bien, que olvidó llamarte para avisarte que no llegaría por la noche, como tantas veces antes.
Pero no.
La búsqueda de un ser humano, requiere de reducirlo a caracteres simples. Datos comprobables y reconocibles para cualquiera. Todas esas especificidades: hábitos, horarios, colores, se convierten en un cúmulo de letras que se aglomeran en papeleo que, a su vez, le resta humanidad. Como si buscaran un qué en vez de un quien. Sales a la calle, pensando que te equivocaste, que seguramente se avergonzará cuando vea que has salido a buscarlo y él ha regresado bien. Que, con el tiempo, se reirán de eso. Pero pasan los días, y sabes que tomaste la decisión correcta. Comienzan las caminatas, los interrogatorios a los vecinos. La búsqueda entre sus cosas. Se habrá ido? Se lo habrán llevado?.  Y las llamadas. Todas las llamadas a sitios, las fotos publicadas, la gente a la que le cobraste favores para ver si podía hacer algo y te dieron la espalda. Las personas que, sin conocerte, te ayudaron de forma desinteresada. Las personas a quienes creías importarles, pero no lo suficiente para seguir con tu búsqueda.

En cierto punto, tu también resultaste perdida. Y perdiste mucho más que sólo a él.

Dan escalofríos cada vez que lo recuerdas, cada vez que te preguntas si, donde quiera que esté, estará bien.
Pasado el tiempo, ya ni siquiera pides que regrese. Ruegas por que donde quiera que se encuentre, lo estén tratando bien.
Habrá comido hoy?
Tendrá frío?
Tendrá sed?.

Ojalá que esté sano, y que esté bien. No importa dónde esté.

Esa incertidumbre que va y vuelve por momentos, esos escalofríos cada vez que alguien menciona su nombre, esas veces que no puedes evitar contener la respiración cuando ves a alguien que se le parece por la calle. Pero sabes que no es él. Por que nunca es él.
Con el tiempo, incluso te acostumbras al vacío.
El vacío de su lugar en la comida
El vacío de su lugar al llegar a casa
El vacío de un "buenas noches" al dormir
Y te das cuenta, de que estás sola.

A veces intentas llorar, pero las lágrimas no fluyen. Así que, te tragas las lágrimas, y la tristeza. Y miras cómo vas inundándote. Como si el océano habitara dentro de tí.

 A partir de eso, sueles hacer cosas. Pero no las disfrutas. Es como si la esencia de tu vida misma se hubiese ido con la otra persona. No importa que hagas, que comas, a dónde vallas, todo parece disminuido. Algo se perdió para siempre. Algo se rompió en tu
interior, y no hay forma de repararlo. A veces dejas de hacer lo que te gusta, por que no le encuentras sentido. Y entras en depresión por que, de forma paralela, descubres que tu vida entera carece de sentido también. Te preguntas cómo es que hasta ahora has vivido así, y por que te gustaba tanto tu vida. Qué tenía de especial. Qué tenía de diferente. Qué era lo que te motivaba en primer lugar. Y lo recuerdas. Hay momentos en donde todo fluye, y otros e donde ruedas en una espiral, sin saber nunca dónde parará. Como las olas del mar con la playa, arrancándo pedazos de tí, y llevándolos lejos, muy lejos. Cada vez más lejos.

Si amaste tu libertad, sabes que la cambiarías por estar de nuevo a su lado. Si amaste tu trabajo, sabes que saldrías más temprano para estar con él de nuevo, sólo una vez. Sólo una. Si amabas salir, ir a lugares diferentes, darías cualquiera de esas tardes por una tarde simple, en el sillón, viéndolo dormir.

A veces odio que la gente me prometa cosas, por que suele no cumplirlas. El eco del tiempo desgastando sus palabras, hasta que desaparecen, Como si jamás hubieran existido. Pero yo también lo hice. La única vez que prometí algo, y que, además, deseaba cumplirlo con cada fibra de mi ser, fué a él. Confiaba en que, podría hacerlo. Pero erré. Aún ahora, después de tanto tiempo, no logro perdonarme por completo. Para mí, es como si no hubiera pasado ni un día.

Nadie lo sabe. La gente cree que soy fuerte pero, simplemente me he limitado a sentir de manera superficial. A evadir las emociones para poder continuar. Si caigo, no habrá nadie que me levante, y lo sé bien. Y no sé si tengo la fortaleza suficiente para hacerlo yo sola.

Antes hacía tantas cosas. Me sorprendo de sólo pensar cuánta energía tenía para estudiar, trabajar doce horas, y volver a casa para salir a dar un paseo con él antes de dormir. Cómo me levantaba aún sin luz a prepararle la comida que le gustaba, salir a correr con él. Amaba verlo correr. Comencé a correr con él por que él parecía disfrutarlo mucho. Yo lo odiaba, pero me gustaba verlo feliz, así que lo intenté. Descubrí lo hermosamente libre que puedes ser a través de algo tan simple, tan común. Y comenzamos a hacerlo más y más. Primero, dos o tres veces a la semana, y luego a diario. Era mágico. Recostarnos en el parque a ver las estrellas cuando me faltaba la respiración.


Esa sensación, infinitamente dulce, de sentir como de pronto, todas las piezas faltantes de mí, encajaban.

Sé que él jamás leerá ésto. Pero, me siento mejor escribiéndolo, por que ya no puedo contenerlo más. Se desborda por mis ojos. Continúa inundándome, y siento como si quisiera salir. Me romperé, y lo sé bien. Pero es mejor explotar, que seguir desvaneciéndose.

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