Necesitaré de todo el valor del mundo para decirte esto. Necesitaré también, de algo que no suelo hacer: no pensar.
No soy
valiente, jamás lo he sido.
Quizás por eso, ansío tanto el día de mañana, por
que no necesitaré de valor, sólo de unos segundos de sinceridad, contigo, pero
también conmigo misma.
Mis amigos dicen
que no vale la pena, que vas a romperme el corazón, que sólo estás jugando, y
yo no. Supongo que desean protegerme…
Todos los demás sólo piensan que llevamos
demasiado tiempo en esto como para no movernos para delante de una sola vez.
Otros, además, le suman a sus pensamientos que, lo que hacemos, lo que hago, lo
que haces, no está bien, no es correcto.
Y yo pienso, al carajo con todo, con
todos! Jamás había cometido más errores, jamás había llorado tanto, jamás me
habían revuelto las ideas así, jamas había sido más confusa, más infantil, más torpe, más
tonta, menos madura, jamás me había sentido más viva, jamás había sido
más…feliz.
Y no me importa si es un sueño, y tampoco me importa caer. Por que
si es necesario que duela, lo prefiero a la indiferencia amable y absurda, a la
comodidad impersonal en la que me he mantenido.
Escucho mil gritos en la noche,
todos los animales se despiertan, mujen, gruñen, relinchan.
Todo es caos, y, en el fondo, un
sonido leve: te quiero.
Y su eco es más
sonoro en mi cabeza, mucho más que todo lo demás, y rebota una y otra vez en
las paredes de mi inconsciente.
Y se queda. Decide quedarse. Y lo dejo, por
que, después de tanto tiempo, lo siento como un amigo, de nuevo.
Y nos
reconocemos, como si jamás nos hubiesemos visto.
Por que es nuevo, tan nuevo como si jamás lo
hubiese conocido antes,
como ningún otro te quiero pronunciado por mí, o por
cualquier otro ser.
Y lo toco, como si fuera mío, pero no lo es.
Nos pertenece
a ambos.
Y, quizás, eso es lo que lo motiva a ser tan único.
Por que es
nuestro.
Una entrada que escribí hace mucho. Parece como si fuera una eternidad. No tengo idea del por que no se publicó antes...pero, bueno
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