sábado, 23 de febrero de 2013

Todavía

Yo no lloro.
Al menos, no por mis problemas.
Lloro a la menor provocación por libros, películas.
Incluso canciones.
Sobre todo canciones.
Sin embargo, existen muy pocas cosas en la vida que logren derribarme. Creo firmemente en que los problemas no se lloran, se resuelven. No siempre de la forma más correcta, o menos dolorosa, no siempre salimos victoriosos, pero nos adaptamos. Es un talento, creo, la adaptación al medio natural hostil.
Pero a veces, simplemente sale fuera de nuestro control.

Siempre fué ella, verdad? Sólo que no lo veía venir
No puedo seguir luchando en una batalla de la cual, alguien más ya salió airoso.
También sé que jamás me lo pediste.
Creí que...eras diferente.
Fué mi error.
No puedo culparte por mis problemas de percepción, lo sé.
Jamás fuimos nada.
Ahora lo sé.
La respuesta estaba en mis narices, y no la ví.
Supongo que eso hará las cosas más fáciles.

A veces me río pensando, en que los consejos de los que decían las abuelas eran ciertos. Esos de "si te quiere te busca". Supongo que las cosas así son. Me duele, creo, pero a la vez, es extraño, por que no siento nada.
Me siento anestesiada casi todo el día, excepto en los segundos en los que me resquebrajo.
Quisiera salir, quisiera pararme a media calle y dejarme caer, llorar hasta que me duela el alma, quisiera que no me importara si la gente me ve o no. Quisiera gritar, dos simples palabras:
Por que?
Pero no puedo.
Me quedo estática, y es como si mi cuerpo y mi cabeza lucharan por el dominio de mis acciones. Y gana mi cabeza. Estoy aquí, en silencio, lavando ropa a ratos. Iré a comer y...esos gritos, esos gritos que ahogo en cada respiración, permanecerán ahí, ahogándome a mí con ellos.
Mi vida da vuelcos demasiado sorpresivos.
Quizás nunca fué mi vida.
Quizás sólo vivía la felicidad de alguien más, creyendo que era mía.
Y me apoderé de esos momentos.
Quizás me doy cuenta hasta ahora. Y la realidad es tan cruda, que duele.

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